Mar / 06 / 21

ESPECIALES

Carta a los hombres que quieren asistir al 8M

¿Por qué las mujeres salen a protestar? Es una pregunta que deberías hacerte si estás pensando en caminar las calles el 8 de marzo.

Para empezar a responder, acá van algunas cifras: cada día 137 mujeres son asesinadas por un miembro de su familia. A escala mundial, el 35 por ciento de las mujeres ha experimentado alguna violencia física o sexual.

Menos del 40 por ciento de las mujeres que experimentan algún tipo de violencia buscan ayuda. Menos del 10 por ciento de quienes buscan ayuda van a la policía. En Colombia, se estima que hay un subregistro de más del 86 por ciento de la víctimas de violencia sexual.

Por todo esto, este 8 de marzo las mujeres salimos para conmemorar, antes que a celebrar. Vamos a marchar por todas aquellas que no lo pueden hacer, por todas las que se fueron y por las que no pueden alzar la voz a causa de la desigualdad histórica o violencia estructural.

Uno de los principales motivos para citar a estas manifestaciones es la lucha en contra de la violencia de género, pues estamos de Luto Nacional por los feminicidios en Colombia. Van más de 42 feminicidios hasta la fecha.

Los victimarios de estos son hombres, sí, como tú que lees esta carta. De hecho, en cuatro de cada cinco casos, el agresor es alguien conocido por la víctima, por ejemplo, su vecino, compañero, conocido o pareja. Por esto, para muchas mujeres que asisten a la marcha, no tener a hombres cerca es una garantía de seguridad.

Pero la lucha de las mujeres no es en contra tuya, hombre, sino en contra de la cultura machista que lleva a que estos feminicidios sucedan. Le preguntaba a un amigo que qué opinaba de que hubiera colectivas que no dejaran que los hombres fotografiaran la marcha, y él respondió que lo que se necesitaba era documentar y dejar un precedente de que se está luchando por algo que el mundo necesita.

Y no se equivoca. Sin embargo, aunque los espacios de género han crecido, son ustedes, hombres, quienes continúan ocupando los lugares de poder, los lugares de representación. Esto también impregna la manera en cómo se registran protestas sociales, pues, sin notarlo, terminan reproduciendo prejuicios de género.

¿Qué cambia el hecho de que la marcha tenga únicamente mujeres? Esto nos permite hacer un registro y una memoria histórica de lo queremos contar. Como ya sabrás, gran parte de la historia está contada por hombres, pero las mujeres nos somos una masa homogénea y sin agencia. Hoy existen colectivas, reporteras, fotógrafas y periodistas que han trabajado por años para hacer el cubrimiento de estas marchas. Esta vez, nosotras nos podemos encargar del tema.

Además, llegar a la calle para nosotras no solo es la recompensa de un largo trabajo de gestión y logística, es también un recordatorio de que hace apenas 80 años no lo podíamos hacer, y este es un problema que no has tenido.

Otra punto importante por el que marchamos es por la soberanía de nuestro cuerpo, algo que se nos ha arrebatado desde siempre. Nuestros cuerpos han sido territorio del Estado, de las parejas, de los hijos y de los médicos. Lo que hacemos con ellos atraviesa el debate público y los intereses de los otros. El aborto, por ejemplo, es apenas la primera parte de la caja de Pandora de cómo las mujeres debemos pedir permiso para hacer algo con nuestros cuerpos.

Esta misma soberanía sobre nuestro cuerpo implica utilizarlo como símbolo de protesta. Por eso, muchas mujeres descubren sus tetas, algunas las pintan o se escriben mensajes y ha pasado que los fotógrafos hipersexualizan las tetas y ven al cuerpo de la mujer como algo completamente sexual.

Al final, marchar al lado de mujeres ayuda a reconstruir un tejido social que se ha roto. Marchar con mujeres es también compartir experiencias en una sociedad en donde no nos creen cuando denunciamos.

Un desafortunado ejemplo de ello es la historia de la youtuber Nath Campos quien denunció el pasado enero que un hombre que es figura pública abusó de ella. Una de las razones por las cuales decidió hablar fue porque en la marcha del 8M de 2020, después de oír lo que gritaban, de ver las pancartas, y leer lo que ellas escribían, se sintió fuerte y empoderada para contar su historia.

No tenemos un radar para saber qué hombre es violento, quién va a actuar con sevicia, quién lo hará con empatía. ¿Cómo saber si un hombre es violento en casa, pero ‘todo bien’ en las calles? Queremos sentirnos seguras, pero sobretodo, estamos allí por las que no se sienten así.

Como escribía Maria del Mar Ramón para la revista Vice, sueño con que el feminismo deje de ser una sección para convertirse en un sentido común, pero mientras eso pasa estos espacios serán de solidaridad. Son espacios para imaginar nuevas posibilidades en un mundo que esté menos marcado por la violencia. Y lo sé, sé que nos extrañarás ese día, que añorarás estar en esta marcha, pero después de esto saldremos al mundo con más fuerza a firmar nuestra propia historia. ¿No es eso un mundo más equitativo?

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