Jun / 27 / 20

CULTURA ALTERNATIVA

Los museos Queer en Bogotá

En un museo todo está planeado: el recorrido, la posición de las obras, la distribución de los espacios, la iluminación y los segmentos de información pegados en la pared. Basta con ver un capítulo de la serie “En el museo” del Museo de Arte Moderno (MoMA) en Nueva York, para entender el trabajo que hay detrás de un ejercicio curatorial.

MUSEO Q LGBTI

Por Mar Rodríguez

Este sistema de administración cultural designa a un grupo de personas para que tome las decisiones del quién, cómo, cuándo y dónde en un museo. Esto significa que la ideología de ese grupo selecto permea el espacio cultural que está construido para todos, todas, todes.

Los museos hacen ver el mundo de cierta manera, declaran lo que es visible y cómo hay que verlo. Entonces, los espacios culturales construyen un “somos”: colombianos, un Estado, un país en conflicto, un país indígena.

Si un museo recoge todo lo que somos, ¿dónde está retratada la Colombia Queer?

Por esto, tener una posición crítica y autónoma de los espacios culturales significa enfrentarse a estas dinámicas. Justamente esto es lo que la población LGBTI ha intentado hacer en Colombia, abrir un espacio en la cultura para que sus memorias estén representadas. La lucha de esta población, lejos de ser personal, ha sido colectiva y representativa de un espectro diverso y amplio.

El movimiento cultural queer en la ciudad
La población LGBTI había estado ganando derechos en un ámbito jurídico desde 1980, cuando la homosexualidad se eliminó como delito en el Código Penal colombiano. Después, en 1998 se elimina el decreto que señalaba a la homosexualidad como causal de mala conducta en los docentes y se confirma que la orientación sexual de estudiantes no es motivo para negar la educación.

En 2007 se reconocen los derechos de las parejas del mismo sexo y se aprueba la unión marital de hecho. En 2013 se aprueban los procedimientos quirúrgicos para modificaciones corporales de las personas trans y en 2015 se aprueba la adopción por parejas del mismo sexo.

Desde el lado cultural, Ricardo Montenegro, director del blog OrgulloLGBT, cuenta que hasta los 80’s en Colombia los gays, por ejemplo, estaban caricaturizados en la cultura porque eran vistos como “la loca chismosa de colores”. Ya que solo había una manera de ser gay, se produjo un rechazo dentro de la misma población que terminó por dificultar y plasmar las luchas en espacios culturales, algo que cambió con el nuevo milenio.

Entonces, mientras las luchas jurídicas estaban andando, había una violencia simbólica latente contra el sector social LGBTI. Es decir que hacer visible una orientación sexual o identidad de género diversa representaba (y aún en la actualidad) un riesgo. Por esto, el arte queer se fue construyendo como forma de resistencia y para abarcar la multiplicidad de historias en cada uno de los cuerpos que habitan ese espectro en el ámbito cultural.

El rayo homosexualizador invade Bogotá
Una iniciativa para valorar las historias cuir en los museos de Colombia vino del Museo Q, un museo itinerante creado por un grupo de amigos en 2014, que notó que la población LGBTIQ+ no estaba siendo representada ni sus memorias exhibidas o coleccionadas. Luis Manjarres, gestor cultural y museólogo que hace parte de esta iniciativa, nos explicó que en Colombia hacía falta una “cultura crítica frente al pasado para saber qué vidas fueron ignoradas y para imaginarnos un nuevo futuro”. 

Museo Q

Lo que se ve, no se pregunta. Foto MuseoQ

Por eso, quisieron recuperar y difundir las historias y memorias relacionadas con las identidades sexuales diversas. El ejercicio de Museo Q hace parte de la lucha por los derechos de las personas LGBTIQ+ porque creen que es relevante integrar diversas historias en el relato nacional y en los espacios cotidianos.

Museo Q no tiene un lugar físico porque por ahora no les interesa que la gente piense “allá están los temas LGBTI y acá el resto”. “Es mejor transformar un parque, una galería o una universidad en Museo Q”, nos cuenta Luis.  Algunas de sus exhibiciones han mostrado panfletos amenazando a las personas queer, obras artísticas que estaban guardadas y hablaban de temas LGBTI pero no habían sido vistas con ese enfoque, e historias de personas LGBTI durante el conflicto armado.

Para Luis, además, es importante aprender a valorar la diversidad porque enriquece a una sociedad en conjunto, y aunque cree que todos los aliados son fundamentales, no cree que una memoria queer debe plasmarse sin una persona queer haciendo parte de esta construcción.

“El riesgo es que no nos sintamos representadas, como otros movimientos sociales han dicho, nada sobre nosotres sin nosotres”.

Del otro lado de la orilla, existe una iniciativa que abrió netamente para mostrar las luchas de la población. El Museo LGBTI en el barrio Sucre en Teusaquillo, abrió recientemente una exposición temporal llamada ¡Salí del clóset! Identidad, amor y erotismo. El lugar rinde homenaje a Stonewall Inn, que fueron las protestas y riñas que se desataron en Nueva York en 1969 y dieron pie a la primer marcha de orgullo LGBTI. Entonces, el equipo del museo viajó por el mundo buscando documentos y piezas relevantes para la población y las puso a disposición de los ciudadanos. Además, en su colección permanente muestra a los personajes nacionales e internacionales que han trabajado por los derechos de la población.

En Bogotá hay un centro de documentación artística llamado Arkhé, que abrió en 2016 y busca libros y documentos relacionado con el arte. Enfoca una de sus líneas en encontrar un archivo queer por latinoamérica y Europa. Este es el primer cuerpo documental en Colombia en reconstruir la historia LGBTI e incluye, por ejemplo, fotos de la vida cotidiana de las personas queer, filmaciones, carteles de marchas del Orgullo, el archivo personal del activista León Zuleta (uno de los padres del movimiento en Colombia) y una hemeroteca con más de 2.000 revistas.

“se necesitan archivos críticos que no reproduzcan la memoria ya canonizada”.

La historia LGBTI, que ha estado tradicionalmente marginada de la construcción de la memoria, se muestra en Arkhé como un cruce entre lo estético, poético y político del activismo queer.

Por último, en la renovación del Museo Nacional en 2018 se abrió la sala Tejido Social, Voces y Confrontaciones donde, después de 197 años de su creación, le dio una voz a la población LGBTI. Esta renovación se dio con la objetivo de ser más inclusivos y mostrar la multiculturalidad que proponía la Constitución de 1991, es decir, traspasar las leyes a un ámbito cultural. La colección tiene una serie de objetos que resume la lucha por la diversidad, sin embargo, esta entra en diálogo con la lucha feminista y afro en el mismo espacio. Por eso, es importante ir a caminarlo y saber si sí es “un museo donde quepamos todos”, como dice su slogan.

El Museo, además, fue un ejemplo para otros escenarios culturales que decidieron seguir con esta práctica, como el Museo de Arte Moderno, el Museo de la Memoria –ambos en Medellín– o la feria ARTBO.

En palabras de Ricardo Montenegro “ningún otro movimiento ha sido más eficaz y efectivo que el LGBTI” y esto se está viendo en los museos de Colombia, que están en un proceso de de salir del clóset para convertirse en lugares más amables y abiertos. El diálogo abierto invita a la pedagogía y la sensibilización del espectro queer, que es precisamente, la manera más efectiva de combatir la discriminación y la desinformación.

Por Mar Rodríguez

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