Abr / 04 / 21

ARTE URBANO Y GRAFFITI

El legado de Rodez para el mundo del arte

Rodez fue artista, fue muralista, fue padre, fue maestro y fue amigo. Amaba y respetaba el arte urbano en todos sus formatos. Empezó a pintar por una invitación que le hizo Nómada, su hijo, en el año 2000. Desde ese momento, no dejó las calles nunca.

Pasó de la ilustración a los grandes formatos, pero nunca dejó la docencia en cualquier espacio que habitara. Sus técnicas trascendieron desde lo editorial y los talleres para llegar a las calles y quedarse por siempre con los artistas.

Este fue el legado de Rodez según sus amigos, compañeros de trabajo y admiradores.

Wosnan

Me llamó mucho la atención la desproporción de las especies, sus elementos ancestrales, y ese fue su legado, el mismo estilo de componer imágenes, un estilo de gráfica muy original. Entonces, esos muros con este contenido de patrones y simetría eran bastante inspiradores. Más adelante, estos seres indescriptibles –como máscaras de viajes psicodélicos– marcaron un estilo de gráfica único en épocas donde predominaba, y sigue predominando, lo que es fácil de digerir.

Eva Baracamontes

Bogotá, México, amigos y colores, corazones de papel, noches bellas de dibujo, rumba, tequila y agua ardiente, sonido salsero, cumbiero y Bomba Estéreo a todo lo que daba mientras pintábamos la calle de los abrazos… Alitas con picante, sopita de ajiaco, arepita con huevo en la mañana, juguito de lulo, empanadas y rosquillas para no perder la dieta, horas de lectura y tus desapariciones misteriosas de las que siempre me quejaba…. Mandalay o la Candelaria, Montoya en Chapinero….en todos lados “¿qué más, veci? ¡Lindaaaaa! ¿Cómo amaneciste? ¡Tacaaaaaños extremos!” (nuestra frase más dicha en un día) y nuestra fiesta fallida en el estacionamiento, los tombos y nuestra socia Doña Rosa…

Calcetas en Medellín y después en el bar de Bogotá, mientras me emborrachaba con shots de tequila y me ayudabas a sanar el corazón. Varias veces lo hiciste, la última ya no fue fácil…

 

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Caminatas y retrasos por la Candelaria y mis citas de amor a las que siempre me hacías llegar tarde, maquillándome o haciéndome reír bajo la lluvia.

Una vez me dijiste que si la vida había querido encontrarnos, tenía un propósito y cada uno lo entendería de una u otra forma. Para mí, fuiste una conexión que se expandió bajo códigos de amor e inspiración para tu familia latinoamericana que agradecemos tu existencia y creatividad en este plano.

Estoy feliz de haber aprendiendo de ti y conocido en este mundo y en esta vida fugaz, con todo y tu tremenda energía y tus demonios que al final no pude entender más.

Por mi parte, yo creo en los encuentros y la magia de la vida, el amor y esas cosas cursis de las que siempre te hablé. Creo en ti y en eso que fuiste al hablar, vivir y pintar, junto a esas ansias de hacer de tu vida algo extraordinario, por eso y a pesar de todo, te quiero.

Descansa en paz Rodez.

Juan David Quintero

El legado que Rodez deja es muy grande, pero es importante analizarlo desde varios puntos de vista. Por ejemplo, desde su profesionalismo, su trayectoria, su experiencia desde la ilustración, desde el dibujo, desde la paleta de colores y el hecho de que se la jugara en un espacio como la calle y los grandes formatos. La forma en la que trabaja influyó en muchos de los y las artistas en los últimos 15 años.

Rodez fue una persona que siempre estuvo enseñando, sus procesos de pedagogía en el arte fueron muy importantes. Siempre estuvo dispuesto a aprender, a analizar y a enseñar. La calle le sirvió para mezclar estas cualidades, pero también para volverse un referente como una persona humana, profesional y un ente artístico que deja su impronta tan personal y tan única, lo que se veía en su trabajo no se veía en otros artistas, de eso no había duda alguna.

El arte urbano se ha vuelto un arte aburrido y repetitivo, con Rodez encontrábamos una exploración de conocimientos, figuras, técnicas, superposiciones, entonces de él hay que agarrar mucho, hay que mirar muchas cosas y hay que analizar las hay. Es un hito en la historia del arte colombiano y más en el arte urbano latinoamericano. Marcó mucho con sus viajes y su conocimiento. Las calles siempre lo van a extrañar, sus obras estarán presentes y va a quedar como un referente.

Zokos

Yo creo que su mayor legado se relaciona con el ser que era. Él no solo abrió camino para todos los que venimos detrás, sino que se encargó de influir, inspirar y compartir su conocimiento con alegría que de verdad, impulsaba a crear. Cualquier persona que se lo haya cruzado quedaba tocada de su espíritu creador. Por otro lado, su obra, por fortuna fue muy constante en su producción y dejó una obra de una fuerza y belleza que de seguro va a seguir siendo fuente de inspiración y estudio para muchos.

A mí Rodez como artista me dejó la pena infinita de no haber podido compartir más momentos. Yo tuve la fortuna de cruzarme con él como estudiante y como amigo pintando en la calle. Uno podía pasar horas escuchándolo hablar sobre materiales, sobre color, sobre manchas, sobre dibujo, siempre se queda uno asombrado de todo el universo que había en su cabeza. Queda uno con la tarea de persistir en esto de hacer imágenes y que todo lo compartido por él siga circulando hacia otras cabezas.

Vogel

Una de las cosas más importantes que Rodez nos hizo ver a muchos, es que hay que trascender de la zona de confort, hay que ir mucho más lejos de donde uno se siente cómodo. Él lo demostró con su trabajo. Tuvo una carrera muy larga y prolífica como ilustrador y de un momento a otro dio ese salto al street art cuando se dio cuenta que las paredes estaban hablando y que ya no bastaba el papel.

Nos mostró que hay que trascender fronteras, fue su legado más grande. Si uno analiza la obra que planteó, uno ve que entendió que el mural era un lenguaje que era perfectamente compatible con su trabajo. Eso es bien especial porque Colombia tiene grandes ilustradores, pero para muchos salir del papel es muy complicado. Rodez demostró que hay que ir mucho más lejos y que el arte no tiene por qué supeditarse al formato.

Yo tuve la oportunidad de trabajar con él en varias ocasiones. La primera fue en una exposición que organizamos, tal vez la primera exposición que se hizo sobre arte urbano y con un fin comercial. Fue muy interesante ver esa gran experiencia que tenía desde las técnicas aplicadas al mural, muy por encima de solo la herramienta. O sea, no era sólo utilizar aerosol, en esa exposición terminamos usando hasta traperos para pintar. Él nos ayudó a soltarnos.

 

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Era un tipo que dejaba muchas cosas cada vez que se sentaba a hablar contigo sobre tu obra, sobre tu trabajo o sobre lo último que veía que estabas haciendo. Si llegaba un día a un muro que estabas pintando, empezaba a aportarte, era un maestro realmente, siempre estaba en función de enseñar, de dar su opinión y de dar su conocimiento.

Una de las cosas que más recuerdo de sus enseñanzas es que la herramienta es una extensión de ti. No es lo mismo pintar con aerosol que pintar con pincel, pero tiene que ser parte de ti. Me marcó porque entendí que la pintura es una especie de baile, es un movimiento muy vital. Y es que él tenía un alma muy joven, me enseñó que la fuerza se lleva por dentro, no porque tengas cierta edad la tienes, sino que es lo que emana de adentro de ti.

Mateo Ayala – Colectivo Atempo

El mayor legado de Rodez fue enseñarnos a reconocer en el arte la puerta para unir los sueños con la vida. Sus imágenes son portales que muestran la entrega de cuerpo, mente y alma que se necesita para lograr con una calidad absoluta ,visiones que transforman la percepción del ser.

Rodez me dejó pura alegría, esa alegría de pintar y de bañarse en pintura , de reconocer la calma en cada trazo, de cruzar al otro lado de la imagen y ver el mundo como una materia moldeable, ¡esa alegría de vivir cada momento como si fuera el último!

Angélica Olmoz

El mayor legado de Ródez fue “sacar” a tantos ilustradores y artistas de los formatos convencionales a pintar en las calles. Sus talleres de pintura eran apasionantes ¡no sé cómo pero hacia que cada uno encontrará su camino! Tenía la habilidad de los talladores de esmeralda que ven una piedra en bruto y saben cómo trabajarla para que dé la mejor forma, brillo y color.

Recuerdo haber compartido con él un taller en el barrio San Felipe hace más de cinco años, yo moría de la emoción por estar al lado de tantos libros. Dibujábamos entre revistas Ray Gun, libros de Kveta Pacovska, primeras ediciones de libros clásicos ilustrados ¡era increíble! Jamás olvidaba que contenía cada libro, sabía perfectamente el orden de todo, su nemotecnia le permitía resaltar conceptos, definiciones, comentarios, resaltando la trayectoria de cada autor.

Teníamos charlas sobre cómo percibía su obra en los últimos años, cómo había dejado de trabajar para agencias de publicidad o para editoriales porque necesitaba explorar su trabajo como artista. Hacia manchas, garabatos, «mamarrachos» como él les decía, cada vez más complejos, más difíciles de digerir por la gente, pero más hermosos, “más horribles” como él decía, una búsqueda más íntima, más depurada y más exquisita.

 

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Ródez fue mi maestro. Empecé asistiéndolo en los muros, era impresionante verlo trabajar: como combinaba los colores, como abordaba los muros, nunca se cansaba ¡cuánta energía! Siempre estaba riendo, con la música a todo volumen bailando, con sus pinceles impecables, su pulso perfecto, era un honor para mí que me permitiera acompañarlo.

Me enseñó a tener más criterio con mi trabajo, a ser honesta con la obra de mis manos, a pintar con acuarela, tintas, vinilos, acrílicos, a armar un andamio, a cargar los baldes más pesados, a buscar pintar cada muro mejor que el anterior. Me mostró miles de referentes, me presentó amigos, canciones, a Jeff Koons (que jamás pude entender porque le gustaba tanto).

Me halaba las orejas aún en los últimos tiempos cuando le parecía que estaba pintando monocromático o con técnicas muy digitales, jajaja me sacaba la piedra, pero tenía razón.

Chirrete

Para mi el mayor legado de Rodez fue su amistad. Siempre podías contar con él para un consejo, para mejorar la técnica o para echar la fiesta. Era muy atento y eso era lo que más se destacaba, además de que fue un duro en su trabajo como artista y maestro, siempre tenía tiempo para hablar contigo y reír.

Indudablemente Rodez dejó para todos su trabajo pictórico, su manera de hacerlo, su técnica llena de recursos y “mañas” de las que se valía para ejecutar sus piezas. Verlo trabajar era siempre un deleite. Le aprendí varios trucos sobretodo con el manejo del pincel y la pintura acrílica, siempre desde el ejercicio de pintar la calle.

Angela Pineda

Rodez contaba historias desde las historias, a partir de música y color reconocía el espacio y su cotidianidad. En sus muros invitaba a que se vincularan personajes en procesiones variopintas, triadas de figuras hieráticas, arrumacos algarabiacos de creación zoológica y botánica, personajes que acompañaban a quien pasara y transitara por esa cinta de cemento y piedra. Entonces, de una manera etérea y desde un carácter efímero, relataba narraciones colosales que transformaba con ayuda de la luz.

La calle, su mejor escenario.

¿Por qué evadía firmar? Despojarse del ego, del yo y del carácter de propiedad estaba en su trabajo diario, por eso le gustaban los muros, porque sabía que aunque le dedicara tiempo y vida a ellos, lo podían borrar en cualquier momento, un carácter efímero quizá.

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