EXPOSICIONES

Desmadre, María Cristina Cortés

Oct / 26 / 19

8:00 AM

SN Macarena (Cll 26b # 3 – 47)

Precio: Gratuito

Los paisajes de la exposición Desmadre de Maria Cristina Cortes utilizan imágenes referentes al agua – su exceso o carencia – para reflexionar sobre distintos modos de ver la naturaleza. Haciendo uso de su entendimiento del color, su interés en la exploración con materiales inusuales y su capacidad de abstracción crea piezas en las cuales se pregunta acerca de los imaginarios que construimos al observar el mundo natural cuando este va más allá de nuestro control y aparece desbordado.

La exposición se divide en dos secciones. Por un lado, manteniendo su interés planteado en exposiciones previas, presenta imágenes de paisajes inundados donde el agua es la protagonista. Vemos amplios espacios cubiertos por agua donde se reflejan las nubes, y sobresalen árboles y casas hundidas.

El punto de vista se ubica arriba, alto en el cielo, y observa el alcance de la aparente tragedia, recordando imágenes de noticias acerca de la sabana inundada. Sin embargo, al observar atentamente, se evidencia que la artista no está pintando una tragedia: las obras se enfocan en el silencio natural, no en el ruido del humano.

Son paisajes como los vería un ave, no un helicóptero reportando una noticia. Aunque hay escombros, aunque hay desorden, los verdaderos protagonistas son la luz, el color, el ambiente y el espacio. La naturaleza, que sobrepasa al hombre sin consideración. Y el resultado, a través de la mirada aguda de la artista, son cuadros casi abstractos, donde lo que llamaríamos destrucción es en cambio un terreno fértil para preguntarse sobre el esfuerzo humano por amaestrar fuerzas naturales, carentes de pasión o fatalismo. El agua crece, desborda, arrasa, más allá de nuestros reparos, y solo deja silencio.

El resto de la exposición consiste en el paisaje opuesto. Imágenes de sequías, en las cuales vemos tierra polvorienta, llena de grietas, con escasos signos de vida. En algunas hay remanentes de agua entre la desolación, significando que estos lugares fueron abundantes. Gran parte de esta serie está hecha sobre una sustancial fibrosa en la cual han sido grabadas directamente las grietas. La superficie está carcomida, revelando el interior del material, y los bordes se encuentran rotos. Es casi como si el material se hubiera resecado y resquebrajado, como los lagos y los ríos que muestran. Al acercarse, es posible ver que el material es aquel con que se aíslan las construcciones, protegiéndolas del agua.

Las grietas emergen, arquitectas de flujos y pulsaciones en otras escalas y tiempos. Piel reseca de la tierra, formando patrones que resultan conocidos y quizás desagradables – más al observar bien, resultan fascinantes, una especie de red que surge, dando cuenta de un proceso de evaporación intrínseco al ciclo del agua. La naturaleza, superficie visible, constantemente fluyendo y transformándose, muriendo y renaciendo, por exceso o carencia.

Esta serie de paisajes propone una mirada carente de juicios a estos fenómenos climáticos, que contrasta con la narrativa productiva del presente donde podrían considerarse catástrofes ambientales. Solo se observan las características visuales – la artista propone observar la naturaleza por lo que es. Utiliza su experiencia con la pintura para crear imágenes que permiten una mirada directa al mundo, e interviene materiales inusuales para obligarlos a revelar aspectos de sí mismos que se mantienen escondidos.

Así, nos recuerda que habitamos dentro de sistemas naturales, donde las cosas son superficiales. Son lo que aparecen, más allá del juicio, más allá de los discursos políticos, económicos o históricos que construimos para justificar nuestro uso de ellos – una amalgama de causas y efectos que manifiesta muerte o vida. Y así, pone al descubierto que nuestra interpretación del paisaje es quizás el síntoma más locuaz de nuestra alienación.

La naturaleza siempre está ahí – más allá, más adentro, por encima, por debajo y por dentro, en nosotros mismos, que somos ella. La verdadera fractura es quizás el impulso mental que la reduce a una imagen que se ajusta a nuestras necesidades. Pero ella aparece, tal cual es, inundada o reseca, para recordarnos su silencio, su continuo presente, su superficie.