Ago / 17 / 20

ESPECIALES

30 años de Canción Animal

(En) El séptimo día de agosto los 80 llegaron a su fin. Mil nueve noventa marcó la ruptura no sólo de la década sino de los sonidos y la esencia de Soda, mutar era urgente, había llegado el momento de sacar las garras.

 

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Por David Calderón

El comienzo fue un Big Bang y fue caliente.

La explosión en la batería y el rugido de las guitarras marcaron las huellas del que fue, para muchos, el mejor álbum de Soda Stereo y un invitado indiscutible al podio del rock latinoamericano.

En la inconfundible y conceptual tapa, “Canción Animal”, captura la nueva naturaleza salvaje que deja atrás la electrónica y los sintetizadores del «new wave» para dar paso a una expresión orgánica caracterizada por riffs más marcados y agresivos, con la guitarra como eje armónico del disco.

La Terapia de amor intensiva que representó el largo ciclo de “Doble Vida”, con gira latinoamérica incluida, había quedado en el pasado, a un millón de años luz de casa.

“Un frío sábado de junio por la noche”, antes de abordar el vuelo rumbo a Miami, Cerati daba pistas de lo que sería el sonido y la esencia de la banda. Así le contó a la revista “Pelo”, el origen y el por qué del nombre del LP: “Nosotros buscábamos por ahí ponerle otro nombre, de hecho tuvo otros anteriores, quisimos llamarlo ‘Tensión e integridad’, hubo varios pases posteriores y en realidad creí que esa canción (‘Canción Animal’) representaba un poco lo que podía pasar con el disco (….). La idea es de tocar mucho en vivo, de hacer canciones, de tocar los tres juntos, y todo eso tenía que ver con la idea de algo animal, instintivo, por eso me gusta el título, que representa en cierta medida a todo el disco.

Me agrada además que se llame ‘Canción’ «.

Cerati se hizo conductor del proyecto, literal. Desde las letras y los demos de las canciones que grabó en el estudio de su apartamento, hasta la producción en la que Zeta Bosio fue su copiloto; fórmula que repetirían más adelante en discos como “Dynamo».

Adrián Tavera, el ingeniero de sonido que trabajó con Cerati desde el primer show de Soda Stereo hasta la última gira del disco solista “Fuerza Natural”, también fue el encargado de manejar la camioneta rumbo al estudio de grabación. En la van también se montaron: Tweety González en los teclados, Andrea Álvarez en la percusión, Gonzo Palacios en el saxo, Pedro Aznar en los coros de “Mil nueve noventa” y Daniel Melero como aporte conceptual, que más parecía el gurú de Gustavo, su polo a tierra.

Lo que se buscaba era un sonido crudo, una vuelta a lo primitivo marcado por la influencia de bandas como “Pescado Rabioso”. Zeta rememora ese germen creativo en su libro, “Yo conozco ese lugar”(Planeta, 2016): «Ensayamos muchas horas para lograr un nuevo sonido de la banda y esa dedicación derivó en un disco rockero con mucha actitud.

Sentíamos que estábamos haciendo un gran disco. Resolvimos las canciones en poco más de un mes y decidimos ir a registrarlas en Miami, a un lugar legendario de los ’70 donde habían grabado Bob Marley, Bee Gees, ABBA y AC/DC, Criteria Recording Studios que estaba ubicado en North Miami, un poco alejado de South Beach».

La grabación fue fluida, instintiva, sólo había que seguir el rastro. De música ligera se grabó con la primera toma de batería de Charly Alberty.

1990 (Mil nueve noventa) fue el tema “zíper” del disco, un “relleno” para completar los diez tracks, tal como lo describió Zeta en una reciente transmisión en vivo desde su cuenta en Instagram. Paradójico que esa genial y versátil línea de bajo nunca haya hecho parte de un setlist en vivo. Baby please…

 

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Es probable que el registro de los coros haya sido la causa para que la banda no se atreviera a ese lance: “Eran coros que ni Andrea Echeverri ni yo podíamos hacer y que a Pedro (Aznar) le salían perfectos, a pesar de que con Andrea yo me sentía muy cómodo haciendo segundas voces. Algunas cuestiones relacionadas con la falta de tiempo hicieron que pudiéramos concretar la colaboración con Pedro solo en la canción ’1990′”, recuerda Bosio en su autobiografía publicada en 2016.

Lo demás es historia, leyenda. Argentina perdió la final del mundial el 8 de julio, y un mes después Soda le regalaba un nuevo himno del rock en español inspirado en versos de Vicente López y Planes, escritor y político autor de la letra del himno nacional argentino.

Aquel amor de música ligera, estaba destinado a ser. Evolucionó de forma natural en una prueba de sonido en Morelia, México, durante la gira del “Doble vida”, y fue tal su sencillez, que sobrepasó a Cerati, según lo recuerda la percusionista Andrea Álvarez: «A esa canción, Gustavo la vivía como con culpa de hacer un hit. No iba a quedar y quedó. Me acuerdo cuando me mostró los demos, él explicaba tema por tema con mucha pasión y detalle. Y cuando llegó esa canción me la presentó como una composición fácil, un poco superficial. Era como si estuviera pidiendo perdón”.

“La grabamos en una sola toma. Eso es algo rarísimo porque usualmente uno hace como 15 tomas para grabar. Después grabamos dos versiones más, para probar maneras diferentes, pero no quedaron. La versión que se escucha en el disco es la primera toma que hicimos”, contó Charly Alberti en otra entrevista.

Cuero, piel y metal la historia de la tapa

La propuesta inicial de Alfredo Lois estaba anclada aún en los 80; un fondo en llamas que no decía nada de la naturaleza insaciable del disco, hizo que Zeta y Gustavo recordarán los tiempos de la facultad y se dieran a la tarea de salir a comprar materiales, recortar revistas y rehacer el diseño. El naranja fue el color que captó la atención del bajista y las letras “medio psicodélicas” recortadas de una revista fueron el modelo para la fuente de “Canción Animal”.

La historia de los tres elementos también es bastante conocida: los leones copulando representan a Gustavo y su relación con Paola Antonucci. La veleta era Charly el más joven y “volátil” mientras que el tensegrid representaba a Zeta, el equilibrio entre las otras dos fuerzas; «tensión e integridad» como se iba a llamar en un principio. Además, como no hay nada más dulce que el deseo en cadenas, el disco trae sus propias instrucciones:

“Y para mayor placer animal, escuchalo a todo volumen”.

Desde la fuerza en los riffs de Sueles dejarme solo hasta la intimidad acústica de Té para tres, y la sensualidad de Entre Canibales, Canción Animal fue el despertar del rock latinoamericano a los nuevos sonidos de su mejor década.

Por David Calderon
davidescribe69@gmail.com

 

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