Sep / 20 / 20

ARTE URBANO Y GRAFFITI / ARTISTAS

La calle como escenario de arte y protesta

Un artista que hace su obra en las calles, es un artista que busca participar activamente en la sociedad.

Por: Mar Rodríguez

La belleza está en las calles se leía en uno de los afiches más conocidos del Taller Popular de las protestas de Mayo del 68 en Francia. Y es que las calles recogen los procesos más íntimos de la ciudad siendo el espacio más público posible.

Para entender las calles de Colombia basta con ver las protestas del pasado 10 de septiembre por el asesinato de Javier Ordoñez y otras 10 personas que le siguieron, que concentraron la indignación por la violencia policial, algo que se venía denunciando desde hace años pero que parecía no tener eco.

O cuando el pasado 16 de septiembre un grupo de indígenas Misak en Popayán tumbó la estatua de Sebastián de Belalcázar para denunciar, de una manera pública y contundente, los genocidios, apropiación de tierras y despojos que lideró el conquistador.

Entonces, en las calles se pueden entender las historias locales, los sentimientos de territorialidad y los detalles de la cotidianidad que se escapan a primera vista. Por eso, hay artistas que se han salido de las burbujas de los museos y galerías para hacer protesta en la calle.

Estos actos artísticos, al final efímeros e inmateriales, rescatan recuerdos de la memoria cotidiana, señalan problemas de los que nadie quiere hablar e intenta cuestionar nociones de la sociedad.

Estos son cinco artistas que usaron la protesta y la calle para mandar mensajes políticos, sociales, de censura y de violencia. Siga para un poco de inspiración.

Guerrilla Girls

Este es un colectivo de artistas anónimas que nació en la década de los 80 en Estados Unidos con el fin de protestar por las diferencias sexistas y el olvido sistemático a las mujeres en el mundo del arte.

Son icónicas por utilizar unas máscaras de gorila, usar sinónimos de artistas mujeres fallecidas como Gertrude Stein o Frida Kahlo, y por hacer carteles llenos de mensajes irónicos que terminan por llevar a una reflexión.

Los carteles empezaron a aparecer desde 1985 en las calles de Nueva York. Tenían la meta de despertar a museos, dealers, curadores, críticos y artistas que eran cómplices de excluir a las mujeres y a minorías de exhibiciones y publicaciones.

Se leía en uno de sus carteles en 1985:
Estas galerías no muestran más de 10% de artistas mujeres o ninguna.

Y uno de los más famosos en 1989:
¿Las mujeres tienen que estar desnudas para entrar al Met. Museum? Menos del 4% de las artistas en la sección de Arte Moderno son mujeres, pero el 76% de los desnudos son femeninos.

 

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Alfredo Jaar

En 1987 unas letras amarillo neón que decían This is not America (esto no es América) brillaban en las vallas de Times Square en Nueva York. Seguido, una bandera de Estados Unidos se deformaba y aparecían las palabras This is not the American Flag (esta no es la bandera americana). Por último, el continente de América, desde Groenlandia hasta Argentina, se dibuja en la pantalla mientras la palabra América se escribe.

Al igual las Guerrilla Girls, Jaar utilizó la publicidad para plantear una reflexión sobre el monopolio de la palabra América, que en Estados Unidos se utiliza para hablar únicamente de ese país y no de todo el continente.

El artista chileno tenía una crítica a las políticas de expansión económica y al etnocentrismo de Estados Unidos, que en la actualidad no ha cambiado mucho, razón por la cual se ha repetido esta obra en el South London Gallery, en Inglaterra y en la Torre Colpatria de Bogotá.

Además, no es de olvidar que el logo del presidente Donald Trump sea el de hacer América grande otra vez.

 

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Yayoi Kusama

Unos años antes de volver a Japón, su país natal, para ser internada en un hospital psiquiátrico, Kusama hizo varios performances muy poderosos en las calles de Nueva York, entre ellos Anatomic Explosion (Explosión Anatómica) en 1968. Este hacía parte de una exploración de arte con menos objetos y más momentos que llamó happenings.

Anatomic Explosion (Explosión Anatómica) fue un performance en frente del edificio de la Bolsa de Nueva York. Hombres y mujeres bailaban desnudos mientras Kusama, que se hacía llamar la sacerdotisa, los pintaba con puntos azules. Para ella la desnudez representaba paz y amor

La idea de la artista era denunciar lo que estaba pasando en la guerra de Vietnam, por eso se entregaron unos comunicado de prensa donde se leía, entre muchas cosas, El dinero obtenido con estas acciones permite que la guerra continúe. Protestamos contra este instrumento cruel y codicioso del establecimiento de la guerra.

15 minutos después de que el acto empezara, los policías llegaron a pararlo. De hecho, en una entrevistas con la revista BOMB, contó que durante sus obras tuvo que sobornar a los policías dándoles entre 400 y 1.000 USD para que no frenaran sus performances.

Algunas fotos de Anatomic Explosion por acá.

 

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Fernando Traverso

Se cuenta que Traverso puso la “llaga en la pared” con su obra Las bicicletas de Rosario, en la ciudad de Rosario, Argentina. El artista hizo con spray negro 350 bicicletas de tamaño real, al lado del dibujo un número único e irrepetible, como los 350 estudiantes en Rosario que desaparecieron durante la dictadura.

Cuando le preguntaron por qué pintar bicicletas respondió que “no podía utilizar otro elemento que no fuera tan noble. Porque no podés pensar que sea un oligarca o un milico el que maneja una bicicleta. El que maneja una bicicleta es un trabajador o es el hijo del trabajador…. La bicicleta es universal y la usa todo el mundo, pero creo que uno nunca la asocia a otra gente”.

Traverso usó las bicicletas desde antes de marcarlas en la paredes, pero en algún momento decidió que debían salir de la soledad del taller para tener un diálogo con la gente. En las paredes estos dibujos cuentan las historias de ausencia, extraen los recuerdos y desafían la impunidad.

 

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Carolina Caycedo

La artista nacida en Inglaterra y criada en Colombia estudió arte en los ochenta, un momento en el que el país estaba en llamas por la violencia del narcotráfico. Caycedo abordó esta problemática con su colectivo llamado Cambalache, con el que hicieron los proyectos de Centro estético: a toda mecha y El Museo de la Calle.

Fueron a la zona del Cartucho, un espacio de tolerancia para los consumidores de, entre otras drogas, basuco (base sucia de coca), para tener un diálogo con los habitantes de esas cuadras.

Con el Centro estético: a toda mecha crearon un espacio de encuentro con los “ñeros” –como los llama Caycedo, no de forma despectiva, sino porque la palabra viene de compañero– donde les cortaban el pelo con la condición de que les diera un objeto.

A partir de esos objetos, el colectivo construyó El Museo de la Calle, que era una vitrina sostenida en un carro de balineras donde se mostraban desde pipas hasta un bastón con un chuzo en la punta.

Entonces, con esta obra en la calle querían exponer cómo los individuos están cada vez más sujetos a la explotación, discriminación y modificación de los entornos sociales.

Foto: carolinacaycedo.com

Cada vez más el arte en forma de protesta sale a las calles y el artista cuestiona la experiencia estética perfecta que hay en los museos. Porque ¿qué es el arte sin espectadores? Y ¿qué es la protesta sin arte?

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