Feb / 20 / 19

BLOGUEROS

El país que no tenía remedio

#UnLibroALaSemana

Este primer libro a la semana empieza con uno que hace meses viene una y otra vez a mi cabeza. Uno que aborda de forma extraña, esa violencia capaz de los peores horrores, capaz de convertir a personas comunes y corrientes, en terribles e inverosímiles monstruos.

Precisamente, un par de esos personajes siniestros e inverosímiles que ha dado la tierrita, son los protagonistas fundamentales de ‘Libranos del Bien’, novela de Alonso Sánchez Baute.

A través de diferentes voces e historias, el autor nacido y exiliado de Valledupar, va hilando una historia sobre esa misma ciudad que lo vio nacer; a veces en tono de crónica periodística, a veces de novela costumbrista y a veces, como chisme de salón.

Para olvidar el dolor solo se habla una vez. Para no olvidar el odio se repite toda una vida.

Y así, en cada uno de estos tonos es que vamos conociendo y entendiendo, cómo fue que Simón Trinidad y Jorge 40 se convirtieron en los hijos de puta en que terminaron convertidos.

Y es que Simón Trinidad, comandante de la ya extinta Farc y Jorge 40 comandante Paramilitar, ambos autores intelectuales de las peores aberraciones que se pueda imaginar, antes de ser aquello que nunca se imaginaron, eran personas que bordeaban la normalidad, con esposa, hijos y una casita.

Y esto es lo más puto del libro, que lo pone a interrogarse a uno sobre la posibilidad de convertirse en un monstruo.

Y allá cada quién con la respuesta que encuentre interrogando sus demonios.

Otro gran logro de Baute en esta novela y quizás el que más se disfruta leyendo, es el de darnos a conocer un poco de la idiosincrasia de la sociedad Vallenata, de permitirnos entrar a sus salas y escuchar sus historias, imaginarios y chismes que reflejan en últimas lo que somos como país.

Bogotá, esa ciudad 2.600 metros más alejada de la realidad nacional.

Porque en últimas la historia de este libro es la historia de Colombia, sin importar la región, el acento o el color de piel, cada rincón del país ha parido gente decente que con el tiempo se convierte en monstruos de esos que se alzan en armas o que ocupan una curul en el Senado.

No es gratuito que al final de leer Líbranos del Bien quede esa cita que el autor menciona durante la narración, «me asomé a la conciencia de un hombre y era horrible».

Por Andrés Quintero

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